- ¿Te has fijado? - preguntó Sara, siguiéndole los pasos -. No andan hacia atrás, sino de lado.
Juan no tuvo que esforzarse mucho para comprobar que su interlocutora decía la verdad.
- ¡Es cierto! - admitió, alborozado como un niño pequeño-. ¡Qué increíble!
- ¿A que sí? - insistió ella -. La primera vez que lo vi me quedé pasmada. Toda la vida oyendo lo mismo, y ahora resulta que es mentira. Por eso me gustan. Porque no retroceden ante los obstáculos, sino que los rodean, que es una manera distinta de huir. Son astutos, pero no cobardes, ¿te das cuenta? He decidido que me caen muy bien, los pobres cangrejos.
Los aires difíciles - Almudena Grandes